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SOCIEDAD

15 de septiembre de 2018

Tuvo cáncer y nunca perdió la sonrisa

En el Día Mundial de Concientización sobre Linfomas, Sofía cuenta cómo logró vencer la enfermedad sin perder su alegría. 

Por Lorena Alem y Nadia Burgues

"Tenía miedo de que se me fuera la sonrisa y nunca se me fue. Siempre tuve buen humor, me tomé lo que me estaba pasando como que era lo que tenía que hacer”, dice Sofía mientras gesticula con suavidad. Uno imagina que al contar una vivencia tan fuerte debería haber un entorno de solemnidad en su relato.

Pero no: nada de eso ocurre. Sofía cuenta que enfermó en 2009 de cáncer: linfoma de Hodgkin y que recayó otras tres veces más. Y lo hace con total naturalidad y sin ningún sesgo de dramatismo. Tal y como es ella. "Hoy lo veo como algo mucho más madurado, como algo que ya pasó. Ahora me pasan otras cosas. Lo que viví forma parte de la vida", agrega.

Sofía tiene 28 años y sólo 19 cuando le dieron el diagnóstico, casi de casualidad. Había ido a la endocrinóloga para hacerse unos controles. "La doctora me palpó los ganglios y me pidió una ecografía porque estaban inflamados. Creyeron que se trataba de toxoplasmosis y me hicieron un tratamiento que no fue efectivo. Cuando volví al médico me mandaron a un clínico. Recuerdo que mientras estaba frente al doctor escuché que hablaba con mi mamá diciéndole que un trasplante era el peor de los escenarios. Hasta ese momento, no entendía bien de qué se trataba todo", cuenta.

Le hicieron una biopsia y con el resultado, los médicos les informaron a los papás de Sofía la gravedad del caso. Durante una semana se prepararon para darle la noticia a Sofía hasta tanto tuvieran la confirmación del diagnóstico. "Fue la peor conversación que mantuve con mis papás. ¿Y qué es?, les preguntaba y a ellos les costaba decir que era cáncer. Entonces, estallaron en llanto”, recuerda.

A partir de allí se sucedió un largo proceso de tratamiento. Primero fueron seis ciclos de quimioterapia. Una vez terminados, Sofía retomó la facultad. Eran tiempos complicados para ella. Si bien su cuerpo respondía bien al tratamiento, las sesiones de quimio eran complicadas: vómitos, baja presión. Después de ese primer tratamiento tuvo una recaída.

"Tenía tumores en ganglios, mediastino y cuello. Allí comencé a atenderme en Fundaleu donde conocí al jefe de hematología -Santiago Pavlosky- y a mi doctora Isolda Fernández. Una genia", dice sin ocultar su admiración.

Le siguieron sesiones de radioterapia que la dejaban muy cansada. En pocos meses, el linfoma se había ido. Pero hizo su reaparición en mayo del año siguiente. Y lo hizo con todo.

“Tuve que ir sí o sí a un trasplante autólogo. Me interné un mes entero en Fundaleu con mi mamá. No podía estar en contacto con nadie más que ella. Me habían hecho una serie de quimioterapia y luego, una transfusión de células madre obtenidas de mi propia sangre”, explica.

A pesar del éxito del trasplante, el linfoma reapareció y para combatirlo esta vez le aplicaron un medicamento que hasta ese momento no se conseguía en el país: brentuximab con el que finalmente logró la remisión de la enfermedad.

“El pelo se me cayó en dos oportunidades. Me puse pañuelo porque me daba piel de gallina pensar en una peluca”, cuenta y confiesa: “Cuando me enfermé por primera vez sentí que se me venía el mundo abajo porque a esa edad no pensás en que algo malo pueda pasarte. De pronto me hablaban de cáncer, de quimio...nunca pensé que iba a morirme hasta que enfermé por tercera vez. Entonces, empezás a apreciar cosas tan básicas como lavarte el pelo con fuerza sin que se te caiga o simplemente, respirar hondo”. 

¿Cuál sería el balance que hacés de esta experiencia? “A mí me cambió la vida. Estoy re orgullosa de lo que hice con mi mente y con mi cuerpo. Aprendí a quererme más...yo agradezco lo que me pasó”, cierra Sofía.

La importancia de una detección temprana

Un diagnóstico a tiempo sumado a los tratamientos actuales hacen del linfoma un cáncer que no puede ser ignorado. Por eso hoy es el Día de Concientización del Linfoma en Argentina, que constituye la tercera causa de muerte por cáncer en los niños y la quinta en adultos.

Los linfomas son un tipo de enfermedades neoplásicas (tumorales) que afectan a los linfocitos, células que forman parte de nuestro sistema inmune. Pese a que otros tipos de cáncer como el de pulmón, mama o colon pueden afectar en su extensión a los ganglios linfáticos, la característica de los linfomas es que se originan en ellos.

Trabajar en la concientización sobre esta enfermedad y en la importancia de su detección temprana es fundamental ya que al día de la fecha el 75% de las personas desconocen que el linfoma es un tipo de cáncer y el 58% tarda más de seis meses en concurrir al médico después de tener síntomas. Si bien aún se desconoce la causa que origina esta enfermedad, su investigación exhaustiva y el desarrollo de nuevos tratamientos hizo que, con un diagnóstico temprano, el linfoma de Hodgkin tenga un 90% de probabilidades de cura.

A su vez, el linfoma folicular es una enfermedad que se diagnostica a 85.000 personas al año, afectando principalmente a personas mayores de 65 años. Los linfomas se pueden dividir en dos tipos principales: el linfoma no- Hodgkin (pueden derivar de los linfocitos B, que ayudan al organismo ante las infecciones mediante la producción de anticuerpos, o T que nos protegen frente a los virus, hongos y bacterias) y el linfoma Hodgkin o enfermedad de Hodgkin (de células B o T).

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