Más de 3.000 centroamericanos se metieron a la fuerza y ya están en México, pese a las medidas de seguridad que el gobierno les había impuesto. 

El sueño empieza a hacerse realidad. La caravana de más de 3.000 personas que partió hace una semana desde Honduras rumbo a Estados Unidos y que sumó en su camino a pobladores de El Salvador y Guatemala logró entrar a México. Pese a que el gobierno azteca había reforzado la seguridad en la frontera sur, los migrantes se las ingeniaron para sortear las vallas de seguridad y atravesaron la frontera.

 

En Ciudad Hidalgo, el puente internacional Rodolfo Robles, sobre el río Suchiate que divide México de Guatemala, estaba repleto. No cabía un alma más. Y nadie estaba dispuesto a esperar una reacción de las fuerzas aztecas, apostadas en cercanía del paso fronterizo. Por eso, mientras muchos aguardaban la posibilidad de avanzar, otros decidieron tomar -una vez más- el destino en sus propias manos y a pedradas se abrieron paso hasta romper el cerco de seguridad.

 

En medio de las interminables corridas en cualquier dirección, algunos, mientras tanto, buscaron maneras diferentes para dejar atrás América Central y cruzaron el curso de agua en precarios botes. No faltaron quienes atravesaran parte del puente caminando por el lado externo de la baranda, aferrados a la reja de protección y caminando por una pequeña cornisa en la que apenas cabían sus pies.

Desde allí se tiraron para nadar o ser rescatados por los balseros que los llevaban a México. Todo valía en su odisea con Estados Unidos como último destino.. Pese a los esfuerzos y al deseo de miles de personas de seguir su camino, policías y militares lograron contener a la gran mayoría de migrantes, quienes anoche seguían instalados sobre el puente y en sus inmediaciones.

Acceso permitido
En medio del descontrol que se generó en el puente, las autoridades mexicanas entendieron que las mujeres y los menores corrían un grave riesgo si permanecían en el lugar, por lo que decidieron facilitarles el acceso a su territorio. Entonces, unas 50 personas fueron trasladadas en micro hasta las instalaciones del Instituto Nacional de Migración para iniciar los trámites que les permitirían quedarse en el país.

Sin embargo, ese no es su objetivo. La intención de las miles de personas que integran la caravana es llegar a Estados Unidos, empresa que no será fácil. Aún deben atravesar unos 2.000 kilómetros, en los que se cruzarán con la represión de las fuerzas de seguridad y los traficantes de personas, hasta alcanzar el punto más crítico de su peligroso viaje: la frontera sur de los yanquis.

 

Allí, el presidente Donald Trump prometió enviar a los militares para impedir su ingreso ilegal al país. Sin embargo, para sortear ese desafío, quienes buscan una vida mejor todavía tienen mucho para recorrer.

Compartir

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »