Segundas marcas, la opción para no gastar tanto

Estuvimos de recorrida por los supermercados. La gente opta por ellas por la gran diferencia que hay en precios con respecto a las marcas líderes. El ahorro, un factor fundamental en la familia argentina.

Refugio para el bolsillo en tiempos difíciles, como los actuales, las segundas marcas ofrecen diferencias de precios más o menos significativas. En algunos casos, la disparidad en el precio determina que la calidad sea inferior. Los consumidores son conscientes de lo que está en juego al elegir, si bien es una elección forzada por la necesidad de ahorrar.
En lo que va del año, las ventas de las marcas propias de los hipermercados aumentaron cerca de un 20%, según la consultora CCR, en contraposición con las ventas generales, que registran una caída que ronda el 3%. En ese contexto, más del 60% de los consultados reconoció que evaluaba o directamente comenzó a consumir segundas marcas.

El arroz es un ejemplo de cómo, según el precio, puede ser el grano: grande, como la marca Gallo, que la sucursal de Disco de Entre Ríos y Belgrano tiene en oferta a 32,99 pesos el kilo; o chico, como Lucchetti, a 18,90.

En quesos, la diferencia puede llegar a ser importante. El kilo de cremoso Parmalat cuesta 99 pesos; el de La Serenísima, 175. Entre los semiduros, el pategrás de Sancor se vende a 248,80 el kilo; la opción sería el Holanda de Tregar, a 201,25 pesos.

Con el queso rallado, el consumidor puede confundirse si se guía sólo por el precio visible en góndola. El paquete de 200 gramos de La Serenísima cuesta 71,90, mientras que el de Milkaut, de 120 gramos, vale 43,50. Quien no repare en la diferencia de peso entre uno y otro producto, puede quedarse con el segundo, que cuesta 362,50 pesos el kilo, mientras que el primero cuesta 359,50. Entre las marcas de leche fluida, el litro de La Serenísima descremada cuesta 17,60, y entera 19,79; la alternativa es La Armonía, a 13,73 pesos.

En el Coto de México y Pinchincha, el frasco de medio kilo de mermelada (naranja, ciruela) La Campagnola se vende a 36,99 pesos; una opción es la de Arcor, a 32,99. Pero, si pasamos del frasco de vidrio al envase de plástico, el ahorro es grande. Por 20 pesos se compra un vaso de medio kilo de Dulciora, y por 17,39 uno de Ciudad del Lago (damasco y ciruela); el de frutilla, marca Emeth, cuesta 16,19.

En azúcar, los precios están muy parejos. El kilo de Ledesma, en esta sucursal de Coto, cuesta 12 pesos, y el de Chango 11,75. En yerbas, hay algo más de dispersión: la Taraguí de un kilo, a 56 pesos; Nobleza Gaucha 48 y La Mañanita, 44,36 pesos.

Hablan los consumidores


Para el consumidor, la opción de la segunda marca es viable, pero no siempre. Josefina contó que "en otro tiempo, cuando vivía en Río Negro, tuve privaciones, y por eso sé que ahora mucha gente anda con problemas".

Ayelén, que viaja en moto desde Avellaneda al Coto de San Juan 2100, sabe que "el sabor de una mermelada de plástico no es el mismo que el de la de vidrio, pero la situación no da para seguir comprando primeras marcas".

Más controles

Por último, Sandra González, de Asociación de Consumidores y Usuarios (Adecua), destacó que "las segundas marcas promueven competencia, son una opción, pero en el tema calidad habría que hacer controles, porque la gente compra marcas alternativas por necesidad".

   

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