Las redes sociales "le pasaron el trapo" a las encuestadoras

La mayoría de los sondeos y de los medios apoyaban a la candidata demócrata y se encargaron de inclinar la preferencia de voto hacia su lado. Sin embargo, desde Facebook, Twitter y Snapchat, Donald Trump construyó su "milagrosa" victoria. ¿Cómo pasó el magnate de un tuit desafiante en 2013 a ocupar el Salón Oval 4 años después?

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Javier Hernán García
jgarcia@cronica.com.ar

Detrás del, para muchos, inesperado triunfo de Donald J. Trump, que el próximo 20 de enero de 2017 se convertirá en el 45° presidente de los Estados Unidos, hay un fracaso riobombante: el de las encuestas y encuestadoras. Y una certeza inquietante: ya no es necesario dominar el 4to poder para ganar en una elección. El verdadero termómetro de un humor social o de los deseos y designios de un pueblo está en las redes sociales: Facebook, Twitter, hasta Snapchat, aparecen como "ventanas" mucho más sinceras que se dejan abiertas que lo que se pueda responder a una encuesta.

Para esta elección en Norteamérica, las encuestas, la mayoría, daban a Hillary Clinton, mínimo, tres puntos por encima del candidato republicano. ¿Qué pasó entonces? Que volvieron a fallar. Hay una primera realidad y es que las encuestadoras trabajan por encargo. Es decir, alguien les paga para que salgan a recabar información, lo cual ya las convierte en subjetivas. Además, mentirle a una encuesta no es delito. Se puede hacer. Por lo tanto, los datos de un estudio encargado por una de las partes interesadas y respondido por gente que sabe que puede mentirle sin tener consecuencias no aparece como lo más confiable.

Las redes sociales, en cambio, muchas veces funcionan como catársis y ya han demostrado su poderío. Desde aquella “Primavera Árabe”, que empezó en 2010 y se extendió hasta 2013, período de tiempo en el que el pueblo egipcio logró la renuncia del dictador Hosni Mubarak después de días de reunirse en plazas del país. También contribuyeron a la ofensiva final contra Muammar Gaddafi en Libia y que también provocó revueltas en Túnez y dio inicio al recrudecimiento del conflicto, aún vigente, en Siria. Desde ese hecho, memorable, las redes sociales probaron su poder. Allí se ve un reflejo más fiel de lo que la gente piensa/siente sobre determinada persona o situación. De hecho, no es ningún misterio saber que hoy encarnan un poder enorme y controlarlas o saber como usarlas es clave a la hora de erigirse como líder de una nación, desde la campaña misma.

Incluso, el germen inicial de este Donald Trump primero candidato republicano, luego nominado por ese partido dejando atrás a muchos contendientes e incluso fuerte resistencia dentro de su propio partido y ahora presidente electo, nació en las redes sociales. El 7 de febrero de 2013, el usuario @Russ_Steinberg arrobó a @RealDonaldTrump y le espetó: “Si tanto odia a América, ¿porque no se postula como presidente y arregla las cosas?”. La respuesta del magnate fue “Ojo”. El tuit original, en pleno #ElectionNight siguió teniendo menciones y, actualmente, llevaba más de 7000 RT y 5000 FAVs. Llevaba porque, horas después de la elección, el mismo usuario, borró el tuit: “Lo hice porque estaba cansado de los insultos”, tuitó y fijó el tuit.

Y así como el inicio del germen Trump candidato empezó en redes sociales, fue el mismo canal que usó para fortalecerse, más aún cuando Bernie Sanders, que contaba con el apoyo de los millennials (es decir, los más jóvenes, los nuevos consumidores) salió del juego. Con un slogan de campaña grandilocuente ("Make America Great Again") marketinero, más cercano a Frank Underwood y "House Of Cards", que a la tradición política yanqui.

Mientras, en los canales “tradicionales”, es decir encuestas y grandes medios, Hillary ganaba cada vez más terreno y había ganado en los tres debates presidenciales. Pero en las redes era otra cosa, el humor social cantaba otra canción. Una de ciudadanos cansados de la vieja política encarnada por la mujer del establishment, de hombres blancos que se les hizo agua la boca ante la propuesta racista de Trump, de bajar en el escalafón social yanqui a negros y latinos. De un tipo que ama las armas y prometió bombas y muros ante una sociedad que ama las armas, convive con las bombas y, como demostró votando, poco parecen importarle los muros. Leyéndolo así no suena tan ilógico, ¿no?.

Ni siquiera un video de Trump reconociendo su misoginia e insultando a otras mujeres, que salió a la luz a diez días de la elección, logró derribarlo, pese al escándalo que provocó que incluso puso a su mujer en la hora pico de las grandes cadenas de TV. En cambio, los mails de Hillary que Trump denunció en el debate sí le costaron puntos a la candidata Demócrata. Los medios se encargaron rápido de avisar que el FBI casi que los había desestimado, pero no alcanzó para que no impacten.

Es que las redes sociales alientan, empujan y son parte de este fenómeno de presidentes que no vienen de un riñón político. La gente, en general, parece estar cansada de la cara de la vieja política, de su trayectoria en los parlamentos, de CVs abarrotados de carreras que iniciaron dos décadas atrás. Ahora, busca nuevas caras, nuevos espíritus y si no tienen casi ningún antecedente político, mejor.

Trump apoyó durante los últimos 20 años con dinero a los distintos candidatos republicanos a ocupar la Casa Blanca, pero nunca jamás dejó ver su cara en ningún cargo o afiche hasta ahora. Casi que se podría saltar que salió del reality que protagonizaba y de exitosos negocios inmobiliarios directo a ocupar el Salón Oval. Hillary, en cambio, tenía demasiados antecedentes políticos. Tantos que su candidatura fue irremable, ni siquiera que su rival prometiera construir un muro en la frontera con otra nación libre logró “asustar” al electorado de Trump.

Una vez más, la verdad de una elección no estuvo ni en los grandes medios, ni en la televisión, ni en los diarios, ni en las encuestas que se publicaron en todos estos últimos días. Una vez más, el resultado que “se espera” no es el que sale. Ya pasó ese año con el plesbicito por la paz en Colombia y, más temprano, con el Brexit.

Las redes sociales demostraron que en ellas hay algo más que memes, RTs, FAVs, hashtags, noticias al instante y varios tuitstars que sacan provecho a algún PNT. Allí se puede ver una ventana sincera a como pensamos y, por lo tanto, cómo votamos. Mucho más real que cualquier encuesta. Hoy Trump es presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Y todo empezó con un tuit desafiante, tres años atrás.

   

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