Oscar Ojea es obispo y presidente de Cáritas. Recientemente designado como presidente de la Comisión Episcopal Argentina, el clérigo representa una visión menos conservadora y un accionar mucho más "bergogliano".

Por Alicia Barrios
abarrios@cronica.com.ar

El obispo Oscar Ojea, el nuevo presidente de la Comisión Episcopal Argentina, es obispo de San Isidro y "bergogliano".

Por primera vez en la historia, la máxima autoridad eclesiástica no es arzobispo. Siempre sonó como candidato. Este es un cambio sustancial, porque ésta renovada conducción está muy cerca de la perspectiva que desde Roma predica y ejecuta Francisco.

La Iglesia latinoamericana y argentina, donde nació la Teología del Pueblo, produjeron un Papa que es Bergoglio. Él no es el resultado de una rosca, sino de un intenso trabajo social y pastoral que nació en el Santuario de Aparecida. Ahora es la hora del pueblo de Dios.

El resultado de la elección del cenáculo de La Montonera en Pilar es la voluntad del pueblo de Dios. El cardenal Mario Poli quedó como vicepresidente primero y la gran novedad es Marcelo Colombo, el obispo riojano, de posiciones muy abiertas y comprometidas no sólo en los temas eclesiásticos sino también en los sociales. Colombo mantuvo sus convicciones en el marco de un episcopado con perfil conservador. Es otro tiempo. Esta nueva conformación abre el camino de mayor protagonismo en los temas que preocupan a la sociedad. Colombo reemplaza a el arzobispo de Salta, Mario Cargnello, de posiciones extremadamente conservadoras.

Lo cierto es que durante la gestión de José María Arancedo como presidente del Episcopado no se logró interpretar en sus actitudes, hechos y palabras la renovación que impulsa Francisco desde la Santa Sede. Estaban, en cristiano criollo, bailando otra música.

Ojea tiene 71 años, es cura desde 1972. En el 2006 fue ordenado por Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, como su auxiliar. Desde 2009 es obispo de San Isidro y presidente de Cáritas.

El obispo Marcelo Colombo, 57, es el más joven de todos, en 1988 lo ordenó sacerdote monseñor Jorge Novak, quien fue una de las pocas voces que se opuso a la dictadura para alinearse con los organismos defensores de los derechos humanos. Marcelo Colombo desde La Rioja, entre otros auspicios de singular calidad, es un infatigable impulsor de la canonización del obispo Enrique Angelelli. Esta es la hora de los pueblos de Dios. Llegó, por fin. Alabado seas.

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